

ENEMIGOS EL PASADO
“ ... y el oscuro enemigo que nos roe el corazón
crece y se fortifica con nuestra propia sangre...”
(Baudelaire)
Hay enemigos... tan duros, tan persistentes...
tan imbatibles... bien lo sé
Enemigos tan imaginarios como reales
a los que el alma, a veces terca,
otras ingenua, se solaza sin razón.
Pasiones indomables, amores fallidos,
prejuicios absurdos, creencias inmunes...
amargas decepciones y recuerdos oscuros...
sentimientos impuros
pensamientos corrosivos...
bien, lo sé.
guerreros que dominan
-cebados y envanecidos-
con el engañoso arbitrio, que les brindó el ayer.
Sin embargo, ese martirio aletargado
es como un río pestilente y oscuro
de aguas muertas y estancadas
donde, lo más seguro es que los sueños
sean nieblas evasivas....
y la vida... agote su sentido y extinga su fe.
¿Quién puede, me pregunto, seguir alimentando
con nada menos, que su propia sangre
ese río, venal y maquiavélico
que sólo puede anegar el corazón?
¿Quién puede entregarle sus certezas
a la decepción, o al miedo,
cederles, sin ninguna resistencia
el dominio, del propio timón?
Es más válido perderse en unos ojos
que navegar a la deriva
del descontento, o la aflicción.
Es más simple someterse
al designio desconocido de un ángel
que alimentar los antiguos demonios
de la propia desazón.
Hay enemigos, imbatibles, bien lo sé,
duros... resistentes...
inconmovibles...
solamente hasta que encuentras el amor.

RECITAL POÈTICO EN LA BIBLIOTECA DE LA CASA DE SARMIENTO
ZOZOBRAS
Amar es sentirse en la permanente zozobra
entre la locura y la calma
entre el espanto y la esperanza.
Es brillar con el aura purpúrea
de los labios henchidos de besos
y el sentido ingobernable
de saberse libre y a la vez preso.
Es naufragar y ahogarse,
estar sereno y a la vez, perdido
con la completa certeza de salvarse.
Es temer y rendirse
en el torrente del propio holocausto.
Y surgir de la pira, encendido,
brillante y más puro,
con la firmeza del hierro fundido.
Es estar convencido que se puede estar vivo
moribundo en los brazos
que nos tienen cautivos.
Y soltarse... Sin miedo de caer, de perderse...
porque ya se ha perdido
y ya se ha caído...
Es tener en el alma pleamares que alternan
entre la inquietud y la calma.
Tempestuosas esquinas, tifoneras playas,
y un remanso donde zozobrar
cuando la tormenta pasa.
Entretejiendo desde el hacer de las palabras
IV Encuentro Internacional de Escritores – San Juan 2008
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